El profundo afecto de la Biblia por Israel es evidente, ya que casi todas las páginas del Tanaj celebran vívidamente la belleza de la tierra.
El Don Divino de la Tierra
La tierra de Israel fue prometida divinamente al pueblo judío a través del patriarca Abraham. En Génesis 12:1-3, Dios ordena a Abraham que abandone su patria y se dirija a una tierra que Él le mostraría, prometiéndole hacer de él una gran nación. Este pacto se reafirma ante Isaac y Jacob, estableciendo un vínculo duradero entre el pueblo judío y la tierra de Israel.
Llegada y asentamiento
El pueblo judío entró por primera vez en la tierra de Israel bajo el liderazgo de Josué tras su éxodo de Egipto y 40 años de vagar por el desierto. El Libro de Josué detalla la conquista y asentamiento de la tierra, donde cada tribu recibió su porción, cumpliendo la promesa divina hecha a sus antepasados.
Exilio y diáspora
A lo largo de la historia, el pueblo judío se enfrentó a numerosos exilios de la tierra. El exilio babilónico de 586 a.C. fue un acontecimiento importante, ya que el Primer Templo fue destruido y los judíos fueron llevados cautivos. La destrucción romana del Segundo Templo en el año 70 d.C. condujo a un prolongado periodo de diáspora, que dispersó al pueblo judío por todo el mundo.
Reasentamiento y retorno moderno
A pesar de siglos de exilio, la conexión del pueblo judío con Israel permaneció inquebrantable. El retorno moderno comenzó a finales del siglo XIX con el auge del sionismo, que dio lugar a oleadas de inmigración judía. El establecimiento del Estado de Israel en 1948 marcó el comienzo de un importante reasentamiento, cumpliendo las profecías bíblicas de retorno y restauración. Este retorno continúa hasta nuestros días, con judíos de todo el mundo que hacen aliá, reafirmando el antiguo vínculo entre el pueblo judío y su patria.
A continuación figuran muchos, si no todos, los pasajes en los que se menciona la tierra de Israel. Si la tierra se menciona muchas veces dentro de un capítulo, enumeramos uno de los versículos de ese capítulo