La mayoría nos sabemos de memoria la historia de José: el hijo predilecto, el abrigo de muchos colores, los sueños que enfurecieron a sus hermanos. Pero, escondida dentro de esa famosa historia, hay otra más discreta que se pasa por alto fácilmente. Los hermanos de José lo arrojaron a un pozo y lo vendieron como esclavo. Sin embargo, el hermano que tenía más motivos para odiarlo, aquel que perdió toda su herencia a manos de José, fue el único que luchó por rescatarlo. El rabino Elie Mischel analiza esta extraordinaria historia en «Las 12 tribus de Israel», su nuevo curso en Bible Plus.
Ese hermano era Rubén, el primogénito de Jacob. En la Biblia, el primogénito tiene la «bejorá» (derecho de primogenitura), una parte doble de la herencia y un lugar de honor en la familia. Como señala el rabino Mischel, las Escrituras nos dicen que a Rubén le quitaron su derecho de primogenitura y se lo dieron a los hijos de José. Todo lo que Rubén debería haber heredado fue a parar a manos de su hermano menor.
Así que, cuando los hermanos vieron a José acercarse por el desierto y empezaron a tramar matarlo, lo normal sería que Rubén fuera el primero en lanzarse a la carga. En cambio, la Biblia nos dice:
El rabino Mischel recurre a Rashi, el gran comentarista del siglo XI, para explicar el plan de Rubén. Al verse superado en número por sus hermanos enfadados, estaba ganando tiempo. Su intención era volver más tarde, sacar a José del pozo en secreto y llevarlo sano y salvo a casa, con Jacob.
El rabino Mischel comparte una preciosa enseñanza de los sabios sobre este momento. Se imaginan a Lea, la madre de Rubén, comparando a su hijo con otro primogénito de la familia: Esaú. Esaú vendió su primogenitura a Jacob por voluntad propia, a cambio de un simple plato de potaje, y aun así odiaba a Jacob con tanta saña que planeó matarlo. Rubén perdió su primogenitura sin quererlo, y respondió con bondad. Protegió precisamente al hermano que la recibió.
Dos hijos primogénitos perdieron la misma bendición. Uno eligió la amargura. El otro, la gracia.
¿Qué fue lo que marcó la diferencia? El rabino Mischel enseña que Rubén había tropezado en su propia vida, y que su fracaso le hizo ser humilde. Un hombre que es consciente de sus propios errores no tiene sitio para los celos. El quebrantamiento de Rubén se convirtió en su fuerza.
¿Y cuál fue el error que le costó a Rubén su primogenitura? La respuesta que dan los sabios no es la que la mayoría de los lectores espera, y la lección del rabino Mischel sobre Rubén muestra cómo eso cambia la forma en que lees toda su historia.
Todos, algún día, perderemos algo que creemos que es nuestro: un puesto, una herencia, el reconocimiento que nos merecemos. Rubén nos enseña que esa pérdida puede envenenarnos o purificarnos. La elección es nuestra.
Rubén es solo el principio. El rabino Mischel empieza el curso con una pregunta que a la mayoría de nosotros nunca se nos habría ocurrido hacer: ¿Por qué Dios formó a Israel con doce tribus diferentes en lugar de una sola? Puedes ver esa introducción gratis en Bible Plus. A partir de ahí, da vida a los hijos de Jacob uno por uno: el corazón turbulento de Rubén, el fuego peligroso de Simeón y el momento en que Leví convirtió ese mismo fuego en santidad. Cada tribu recorrió su propio camino hacia Dios, y cada una sigue teniendo algo que enseñarnos hoy en día.
Mira aquí la introducción a las doce tribus.
