La Danza Sagrada de la Guerra y la Paz

agosto 30, 2025
A Jewish wedding canopy in Israel (Shutterstock.com)
A Jewish wedding canopy in Israel (Shutterstock.com)

Me encontraba entre los invitados a la boda de mi primo cuando el sol se ocultaba en el horizonte, observando la silueta de la jupá (dosel nupcial) contra el cielo ámbar israelí. Jóvenes uniformados se mezclaban con los invitados, con los fusiles al hombro. Ayer estaban destinados en territorio hostil. Esta noche bailarían en la boda de sus amigos. Mañana volverán a sus puestos, montando guardia mientras su nación sigue con su vida ordinaria. Esta yuxtaposición chocante -soldados celebrando el amor mientras llevan instrumentos de guerra- puede parecer contradictoria para quienes ven el conflicto y la paz como fuerzas opuestas.

Viendo a estos jóvenes guerreros celebrar la unión de dos almas, viendo a los novios de pie bajo esa sagrada jupá, surge una pregunta inquietante: ¿Cómo pueden las mismas manos que empuñan un fusil en defensa de la patria sostener también una copa de vino para celebrar una nueva vida? ¿Cómo conciliamos la aparente contradicción entre la violencia necesaria para preservar a nuestro pueblo y la alegría que pretendemos proteger?

La Biblia ofrece una respuesta sorprendente a través de la visión mesiánica del profeta Isaías:

Este versículo, tallado en monumentos y citado por activistas por la paz de todo el mundo, parece sugerir que la guerra y la paz existen en eterna oposición. Sin embargo, el texto hebreo revela una verdad más compleja.

El versículo habla de golpear o martillar el metal para darle una nueva forma. El profeta describe un proceso de transformación, no de eliminación. La espada no desaparece: se convierte en algo totalmente distinto. La lanza no desaparece, sino que sirve para otro fin. Esta transformación requiere que exista primero la herramienta original. No puedes convertir las espadas en arados si antes no tienes espadas.

Los jóvenes soldados que bailaron en la boda comprenden algo que los filósofos de las torres de marfil a menudo pasan por alto: la paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de la justicia protegida por la fuerza. Los fusiles que llevan al hombro no contradicen la alegría de sus corazones, sino que la hacen posible.

La Biblia demuestra esta verdad repetidamente. El rey David, el dulce cantor de Israel que compuso los más bellos salmos de anhelo por Dios, fue también un guerrero que conquistó Jerusalén y estableció las fronteras de Israel. Las mismas manos que rasgaban el arpa también empuñaban la espada. El mismo corazón que derramaba poesía devocional también trazaba estrategias para campañas militares. David no vivía una contradicción: cumplía plenamente su vocación.

Las victorias militares de David no estaban separadas de sus logros espirituales, sino que eran fundamentales para ellos. Sin asegurar la tierra, no podía haber Templo. Sin derrotar a los enemigos de Israel, no podía haber paz en la que servir a Dios como es debido. Las guerras de David no eran obstáculos para la santidad, sino requisitos previos para ella.

Esta comprensión transforma nuestra perspectiva sobre aquellos jóvenes soldados en la boda. No estaban abandonando sus deberes militares para celebrarlo: estaban demostrando exactamente lo que luchan por preservar.

La tradición de romper una copa en las bodas judías refuerza esta conexión entre la alegría y el recuerdo del conflicto. El propio vaso roto representa la destrucción del Templo de Jerusalén. Incluso en nuestros mejores momentos de felicidad personal, recordamos que nuestra redención nacional sigue incompleta. Recordamos que, en algún lugar, los soldados aún tienen que montar guardia para que las bodas puedan continuar.

Sin embargo, los cristales rotos también apuntan hacia algo más. Los Sabios enseñaron que la destrucción contenía en sí misma las semillas de la reconstrucción. El Templo será reconstruido, prometieron, y cuando llegue ese día, la misma energía que ahora se dedica a defender a nuestro pueblo se canalizará para servir a Dios en perfecta paz. El fusil del soldado se transformará, no se desechará, sino que se convertirá en una herramienta de cultivo y crecimiento.

No se trata de pacifismo ingenuo, sino de realismo maduro. La visión del profeta Isaías de las espadas convertidas en rejas de arado no describe la eliminación de la fuerza, sino su reorientación. En la era mesiánica, el poder humano no desaparecerá, sino que encontrará su finalidad adecuada. En lugar de defenderse de los enemigos, ese poder se utilizará para construir y crear. La misma determinación que impulsa a un soldado a montar guardia durante una noche fría impulsará a los agricultores a trabajar sus campos y a los eruditos a estudiar la Torá.

Aquellos jóvenes guerreros que bailaban en la boda encarnaban este futuro mientras vivían en el presente. Su celebración no era una huida del deber, sino un atisbo de aquello para lo que el deber sirve en última instancia. No luchan porque amen la guerra, sino porque aman lo que la paz hace posible: las bodas, los niños, el estudio, la oración, la construcción de familias y comunidades bajo el dosel protector de Dios.

La jupá y el campo de batalla no son opuestos: son socios en el mismo plan divino. Uno protege lo que el otro celebra. Uno defiende lo que el otro crea. El soldado que baila en una boda y vuelve a su puesto a la mañana siguiente no vive una contradicción, sino que encarna una verdad que trasciende las categorías simplistas.

Al final, tanto el palio nupcial como el uniforme militar sirven al mismo Maestro. Ambos amparan al mismo pueblo. Ambos trabajan para alcanzar el mismo objetivo: un mundo en el que la presencia de Dios habite abiertamente entre Su pueblo, en el que la justicia fluya como el agua y la rectitud como un poderoso arroyo, en el que los jóvenes puedan de hecho convertir sus espadas en rejas de arado porque ya no habrá necesidad de espadas.

Hasta que llegue ese día, la danza continúa: entre el campo de batalla y el salón de bodas, entre la espada y la reja del arado, entre la protección de hoy y la promesa de mañana.

Shira Schechter

Shira Schechter is the content editor for TheIsraelBible.com and Israel365 Publications. She earned master’s degrees in both Jewish Education and Bible from Yeshiva University. She taught the Hebrew Bible at a high school in New Jersey for eight years before making Aliyah with her family in 2013. Shira joined the Israel365 staff shortly after moving to Israel and contributed significantly to the development and publication of The Israel Bible.

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