{"id":39329,"date":"2026-03-23T09:20:00","date_gmt":"2026-03-23T07:20:00","guid":{"rendered":"https:\/\/theisraelbible.com\/misiles-en-la-autopista-443\/"},"modified":"2026-03-23T14:47:32","modified_gmt":"2026-03-23T12:47:32","slug":"misiles-en-la-autopista-443","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/theisraelbible.com\/es\/misiles-en-la-autopista-443\/","title":{"rendered":"Misiles en la autopista 443"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viernes pasado llev\u00e9 a mi hijo de nueve a\u00f1os de Modiin a Jerusal\u00e9n -un trayecto de treinta y ocho minutos por las colinas de Judea- para pasar el Shabat con sus abuelos. Recuerdo esos fines de semana de mi propia infancia: de veinticuatro a cuarenta y ocho horas a solas con unos abuelos que te trataban como si fueras el centro del universo. Me hac\u00eda ilusi\u00f3n darle eso. Ya hab\u00eda hecho este viaje antes. No era algo nuevo. Pero este viernes en concreto, nada de esta experiencia me resultaba familiar.     <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estamos en medio de una guerra. Ir\u00e1n ha estado disparando misiles bal\u00edsticos contra Israel, contra ciudades, comunidades y lugares sagrados para jud\u00edos, cristianos y musulmanes por igual. Y aquel viernes por la tarde, uno de esos misiles se dirig\u00eda hacia nuestro tramo de la autopista 443, nuestro Mitsubishi Outlander en alg\u00fan lugar entre las tierras bajas y las monta\u00f1as de Jerusal\u00e9n.  <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La prealerta lleg\u00f3 mientras conduc\u00edamos.  <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me qued\u00e9 paralizado. Cuando suena una sirena mientras conduces, el protocolo es pararse. Pero est\u00e1bamos en una autopista, el arc\u00e9n era estrecho y al otro lado de la barrera de seguridad hab\u00eda ciudades palestinas. No sab\u00eda qu\u00e9 hacer. Entonces vi que otros coches se deten\u00edan. Accion\u00e9 los intermitentes, reduje la velocidad y me detuve. La sirena empez\u00f3 a sonar. Saqu\u00e9 a mi hijo del coche mientras otros conductores segu\u00edan pasando a toda velocidad, aparentemente con la esperanza de esquivar un misil como se esquiva una tormenta.       <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos agachamos junto a la carretera. Mi hijo agach\u00f3 la cabeza, con las manos entrelazadas sobre el cr\u00e1neo, como les ense\u00f1an en la escuela. Y entonces, en silencio, con firmeza, empez\u00f3 a recitar salmos. Salmos. El Salmo 121, para ser exactos.    <\/p>\n<div class=\"wp-block-chapter-verse-content\"><a href=\"https:\/\/theisraelbible.com\/es\/bible\/psalms-121\/#verse_1\"><blockquote><p class=\"short_hebrew\">\u05e9\u05c1\u05b4\u05d9\u05e8 \u05dc\u05b7\u05de\u05bc\u05b7\u05e2\u05b2\u05dc\u05d5\u05b9\u05ea \u05d0\u05b6\u05e9\u05c2\u05bc\u05b8\u05d0 \u05e2\u05b5\u05d9\u05e0\u05b7\u05d9 \u05d0\u05b6\u05dc\u05be\u05d4\u05b6\u05d4\u05b8\u05e8\u05b4\u05d9\u05dd \u05de\u05b5\u05d0\u05b7\u05d9\u05b4\u05df \u05d9\u05b8\u05d1\u05b9\u05d0 \u05e2\u05b6\u05d6\u05b0\u05e8\u05b4\u05d9\u05c3<\/p><p class=\"short_transliteration\">SHEER la-ma-a-LOT e-SA ay-NAI el he-ha-REEM may-A-yin ya-VO ez-REE<\/p><p class=\"short_translation\">Un canto para ascensos. Dirijo mis ojos a las monta\u00f1as; \u00bfde d\u00f3nde vendr\u00e1 mi ayuda?<\/p><figcaption><cite>Salmos 121:1<\/cite><\/figcaption><\/blockquote><\/a><\/div>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recitaba esas palabras mientras est\u00e1bamos, literalmente, rodeados por las monta\u00f1as de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 significa levantar los ojos a las monta\u00f1as?<\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Shir HaMa&#8217;alot, la superinscripci\u00f3n del Salmo 121, significa \u00abCanto de los ascensos\u00bb. Es uno de los quince salmos de este tipo (120-134), cada uno de los cuales era cantado tradicionalmente por los levitas cuando ascend\u00edan los quince escalones del Beit HaMikdash, el Templo Sagrado de Jerusal\u00e9n. Los peregrinos tambi\u00e9n cantaban estos salmos en la aliyah l&#8217;regel, las tres fiestas anuales de peregrinaci\u00f3n en las que se ordenaba a todo jud\u00edo viajar a Jerusal\u00e9n. Cantaban mientras sub\u00edan. Cantaban cuando ve\u00edan la ciudad. Cantaban porque el destino exig\u00eda una canci\u00f3n.     <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las monta\u00f1as que contempla el salmista no son abstractas. Son estas monta\u00f1as. Las colinas de Judea. El paisaje rocoso, aterrazado y antiguo que se eleva desde la llanura costera hasta Jerusal\u00e9n. Toda persona que haya conducido alguna vez por la carretera 443 un viernes por la tarde las ha visto, doradas en la luz tard\u00eda, cubiertas de olivos e historia. Mi hijo no estaba recitando poes\u00eda. Estaba haciendo una declaraci\u00f3n geogr\u00e1fica.      <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y la pregunta que plantea el salmista, me-ayin yavo ezri, \u00ab\u00bfde d\u00f3nde vendr\u00e1 mi ayuda?\u00bb, no es una crisis de fe. Es una trampa. Porque la respuesta llega inmediatamente: \u00abEzri me-im Hashem, oseh shamayim va&#8217;aretz\u00bb, \u00abMi ayuda viene de Dios, Hacedor del cielo y de la tierra\u00bb. (Salmo 121:2). Las monta\u00f1as son impresionantes. Las monta\u00f1as son antiguas. Las monta\u00f1as no te salvan. Dios lo hace.      <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto es todo el salmo en dos vers\u00edculos. Todo lo que sigue, Dios no dejar\u00e1 que tu pie resbale, Dios ni se adormece ni duerme, Dios es tu sombra, Dios guardar\u00e1 tu ida y tu vuelta, es la elaboraci\u00f3n de esa \u00fanica respuesta. <em>Hashem<\/em> es tu <em>shomer<\/em>, tu Guardi\u00e1n. No un concepto. No un sentimiento. Es un Protector en tiempo presente, con los ojos abiertos, que vigila al pueblo de Israel.    <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abHinei lo yanum v&#8217;lo yishan shomer Yisrael\u00bb, \u00abHe aqu\u00ed que ni dormita ni duerme, el Guardi\u00e1n de Israel\u00bb. (Salmo 121:4). Mientras hab\u00eda misiles en el aire y mi hijo estaba agazapado junto a una carretera, Dios no dorm\u00eda. <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que vi en mi hijo, mientras sonaba la sirena, fue algo que no se fabrica en ning\u00fan aula: un ni\u00f1o cuyo primer instinto bajo el fuego fue volver la cara hacia Jerusal\u00e9n y decir: <em>\u00abLevanto los ojos a las monta\u00f1as\u00bb.<\/em> Eso no es un mecanismo de supervivencia. Es una visi\u00f3n del mundo. Eso es toda la relaci\u00f3n de un pueblo con su Dios, transmitida en ocho vers\u00edculos a lo largo de tres mil a\u00f1os, que llega intacta a la boca de un ni\u00f1o de nueve a\u00f1os en el arc\u00e9n de una autopista mientras Ir\u00e1n intentaba y fracasaba, una vez m\u00e1s, doblegarnos.  <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los misiles no cayeron. Condujimos el resto del camino hasta Jerusal\u00e9n. Mi hijo comi\u00f3 la sopa de pollo de su abuela y durmi\u00f3 en una cama caliente.  <\/p>\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y en alg\u00fan lugar de las colinas de Judea, Dios vigilaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El viernes pasado llev\u00e9 a mi hijo de nueve a\u00f1os de Modiin a Jerusal\u00e9n -un trayecto de treinta y ocho minutos por las colinas de Judea- para pasar el Shabat con sus abuelos. 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